Uber acaba de poner sobre la mesa una de las preguntas más incómodas del boom de la inteligencia artificial: ¿realmente usar más IA está generando mejores productos o solo está inflando los costos?
Andrew Macdonald, presidente y COO de Uber, reconoció en una entrevista que cada vez es más difícil justificar el gasto interno en IA cuando no existe una relación clara entre el aumento del consumo de tokens y la creación de funciones realmente útiles para los consumidores. El debate se intensificó después de que se reportara que Uber habría agotado en apenas cuatro meses su presupuesto anual de 2026 para herramientas como Claude Code.
El caso es importante porque Uber no es una empresa ajena a la tecnología. La compañía usa inteligencia artificial en áreas como precios, rutas, predicción de demanda y automatización interna. Sin embargo, el problema ahora no parece ser si la IA funciona, sino si el costo de usarla masivamente se puede justificar con resultados visibles para el usuario final.
Macdonald explicó que el crecimiento de métricas internas, como más uso de herramientas de IA o más consumo de tokens, no necesariamente demuestra que la empresa esté lanzando mejores funciones. En otras palabras, tener equipos usando más IA no significa automáticamente que los clientes reciban una mejor experiencia.
Este fenómeno ya empieza a ser conocido como “tokenmaxxing”, una tendencia en la que algunas empresas empujan a sus equipos a usar más herramientas de IA, midiendo el éxito por volumen de uso en lugar de impacto real. El riesgo es claro: gastar más, producir más actividad interna, pero no necesariamente entregar más valor.
La situación también abre una discusión más amplia en la industria tecnológica. Muchas empresas han apostado fuerte por la IA generativa, pero ahora empiezan a enfrentarse a una segunda etapa: medir retorno de inversión, controlar costos y decidir si la automatización realmente reemplaza trabajo, mejora productividad o simplemente crea nuevos gastos difíciles de explicar.
Uber no está diciendo que abandonará la inteligencia artificial. Lo que está dejando claro es que la etapa de experimentar sin mirar la factura podría estar llegando a su fin. Para las grandes empresas, la IA ya no solo debe impresionar: ahora debe demostrar resultados.